El amor en tiempos de epidemias.

12 de septiembre de 2008

Saludos a todos los Bloglectores, otra ves por acá estos dos últimos temas han estados un poco melodramáticos, pero en fin son nuestros tiempos y hay que hablar de ellos, hoy toca hablar de tres males que nos afectan hoy en día, y no hay ni una sola familia que se pueda librar por lo menos de una de ellas; El VIH, el Cáncer, la diabetes.

Como dije todo por lo menos tenemos a un familiar que tiene por menos una de estas 3 enfermedades o que las tuvo y murió con ellas o de ellas; en mi caso creo que de las 3 ha habido aunque poco se ha especulado por las misteriosas muertes de algunos, la mas alarmante en mi familia es la diabetes que los vivos que la integran la padecen (menos 6 yo entre ellos) y los muertos TODOS han muertos de complicaciones relacionadas.

Recuerdo cuando era niño y mi padre iba muy enfermo al hospital, después de acudir hasta con la bruja del pueblo para le remediara una serie de padecimientos que ya tenia tiempo lo acogían, después de una seria de análisis clínicos le dijeron “Don Gregorio, tiene usted azúcar” y mi madre tan simple como siempre ¿y eso se pega doctor? Aun recuerdo la cara de ironía del doctor. Y como es posible que no preguntara sobre su estado de salud, si mejoraría, si hay una cura, sobre el tratamiento o un mínimo - no se nada de eso pero por favor doctor explíqueme – como ayudo a mi enfermo, o déjense de enfermo a mi pareja.

Ya hace casi 2 años que nos toco vivir otro caso de cáncer en el cual la vimos muy cerca, y lamentablemente hubo quien me dijo, ¡Tu cuídate mucho no se te vaya a pegar! Por Dios por que somos tan ignorantes, esa misma ignorancia es la que nos empuja a ser racistas (aclaro yo no lo soy) le tenemos pánico a lo que no conocemos, ningunas de estas tres enfermedades se contagian por vivir con alguien, ni el mismo VIH se contagia por un beso, por un abrazo, por el cariño que tu le puedas dar a un enfermo, hay gente que ve a los enfermos que han pasado mucho tiempo en cama, como una oportunidad para deshacerse de un estorbo en su casa cuando estos mueran, olvidan de todos los momentos que han vivido juntos, en estos momentos al hacer memoria se me viene a la mente los gestos de mi mama al tener que cocinar doble, la comida de mi padre y la de los demás, obvio era mas trabajo para ella, pero es lo mínimo que podía hacer, es su pareja y aunque mi padre sea un hijo de judas, supongo que también existieron momentos gratos que los llevaron a estar tantos años juntos; verdad que no es como el padrecito de la Iglesia dijo “en la salud y en la enfermedad”.

Yo me declaro culpable del delito de incomprensión también, cuando mi enfermo en mi caso me decía que no tenia ganas de salir que se sentía mal, no recuerdo haber tenido mayor odio que el que sentía en ese momento, yo deseaba salir, caminar hacer actividades, pero no se podía por que yo era muy ignorante como para entender que a un enfermo no le puedes exigir lo mismo que a un sano, y lo peor que pude haber hecho lo hice... ALEJARME

Comencé a realizar todas mis actividades de manera normal pero solo, deseaba tener otro circulo social, uno que pudiera llevar el ritmo de mi vida, y a su ves alejarme de quien no podía, en este caso mi enfermo, y sin importarme me fui alejando cada ves mas, no por sentir pesar, mucho menos por desinterés, es simplemente que en ese momento pensaba que quien necesitaba también sentirte comprendido era yo.

Fue entonces cuando la enfermedad comenzó a hacer estragos, cuando comencé a aterrizar en mi realidad a cuantos no nos ha pasado eso, que en tiempos de enfermedad, huimos que pasa con el amor a nuestros seres queridos, cuando les atañe un padecimiento no les hacemos el caso que debemos, y esperamos hasta que estén en cama para arrepentirnos de nuestras acciones y pensamientos, ni el VIH, ni el cáncer, ni ninguna otra enfermedad mata mas que la discriminación al enfermo, nada los empeora mas que el aislarlos, y ninguna medicina hace lo que el amor de verdad hace.

Por ello estimados lectores los exhorto a que creen conciencia, amen a los suyos, apoyémonos los unos a los otros, demostremos ese amor cuando estamos felices y sanos y cuando no lo estamos, por que hoy fueron ellos mañana somos nosotros, y no nos gustaría que nos trataran como a la mascota que se murió y compras otra y listo.

No quiero despedirme sin antes pedirte una disculpa pública Israel, por haberme comportado de esa manera tan egoísta, cada día es una eterna lucha en mi interior cuando el Dr. Jeckyll se transforma en Mr Hide, me prometo a mi mismo enmendar mis errores. Y lograr que me perdones y me sienta perdonado por mi mismo.

3 Miembros de la Tropa Pensaron:

Anónimo dijo...

hola,
creo que las enfermedades cronicas son de lo mas dificil de lidiar no solo por el lado de la familia si no por el enfermo, yo he estado en ese caso, no se puede describir lo que se siente, es imposible pero aparte de los remedios y los medicamentos no hay mejor solucion que el cariño de las personas que te aman y te cuidan, te dan fortaleza, te dan cariño y los cuidados que necesitamos, el levantar a tu familia 5 veces por la noche pq necesitas algo y no te puedes levantar, creo que es mas molesto para el enfermo que para el familiar que lo hace con mucho cariño.

saludos!!
Israel

Anónimo dijo...

La ingratitud, el mal de males.
Por Carlos Martínez

Es difícil diagnosticar qué tipo de padecimiento es lo que causa la mortandad en un individuo y más si éste último presentaba algún cuadro agudo, es decir, con varias padecimientos a la vez y que alguno de ellos pudo ocasionar la muerte del infortunado.

Pero, a veces, y digo por experiencia, la enfermedad no es el factor principal de un deceso, sino de otros factores cotidianos presentes en la vida diaria y nos resistimos a ver la realidad de los hechos, vamos pues, somos tan egoístas y dudamos de nosotros mismo de lo mucho que podemos hacer.

Una ingratitud, un olvido o una indiferencia pueden matar a una persona tan saludable sin importar la edad; el desprecio o la desfacción de un ser querido a otro, puede ocasionar mucho más daño que un cáncer, diabetes, sida, etc. No hay mal en este mundo que ser un desagradecido e hipócrita con uno o con aquel que te dio la mano.

Por ejemplo, mis abuelos (que biológicamente no los fueron, pero sí de crianza), vivieron esa triste realidad de no ser al menos recordados por sus semejantes directos como sobrinos, ahijados y demás descendencia tanto de sangre como políticos; sólo se acordaban de mis viejos para pedirles auxilio cuando éstos estaban en crisis económica o pedirles el apadrinamiento ya sea de una boda, bautizos, comuniones, confirmaciones, entre otras mamarrachadas.

Lo que más recuerdo de niño y de adolescente, era la pena y tristeza de mi abuelita Socorrito Piña, que todas las noches en sus rezos pedía por sus sobrinos, por la salud de éstos y sus respectivas familias, pero había uno en especial, uno que tal vez fue su ahijado (sí es que este hijo de puta se acuerda o vive), se llamaba Carlos Arzamendi, sí para variar Carlos, qué nombre tan común por Dios bendito…

Resulta que en sus plegarias, mi abuelita pedía por lo menos verlo y saludarlo por última vez antes de que ella falleciera; cada vez que podía, ella -mi abuelita-, me contaba todo lo que hizo por él en sus tiempos de estudiantes de cómo lo apoyó para que el tal Carlitos tuviera por lo menos la primaria y secundaria, sin embargo, éste soporté llegó hasta su etapa profesional y que lo llevó a la Escuela Naval.

Sin embargo, por lo que percibí en esas anécdotas pude denotar que esta persona nunca tuvo la delicadeza de visitar a su madrina estando en aquella institución militar, es más, recuerdo que nunca hubo una invitación para la familia Garay Piña para la ceremonia de Graduación en la que estuvo presente el Presidente de nuestro país en ese tiempo el Lic. Luis Echeverría Álvarez.

Por comentarios entre los adultos –yo tenía como siete u ocho años-, decían que el famoso Carlitos Arzamendi contrajo nupcias con Rosa de Lima, quien fuera una de las conocidas de mi abuelo Emilio Garay por su trabajo como Agente de Seguros en Pan-América de México, y que solamente una vez tuvo la delicadeza de llamarles por teléfono y decirles que tenían ya un buen de casados.

Mi abuela, siempre tuvo la esperanza de que el Cabo, Marino, capitán o sepa Dios con que cargo salió Carlitos Arizmendi de le Escuela Naval fuera a visitarla por lo menos antes de que elle falleciera, sin embargo, ella recibió por correo y no sé de quién una foto de su amado ahijado con el uniforme de gala de la Armada de México, imagen que la colocó en la parte interna de la puerta de su ropero.

El asunto es que esta tristeza que llevaba el alma de mi abuela porque este cabrón jamás la visitó ni le mando un correo tradicional o una llamada telefónica, le fue acelerando complicaciones en su salud, tales como la hipertensión arterial, azúcar, colesterol y sobre todo la ceguera que era más notoria y progresiva.

Antes de que falleciera mi abuela en los comienzo de los noventa, conjuntamente con mi abuelo Emilio se les ocurrió la idea de que yo fuera estudiante de la Heroica Escuela Naval, sin embargo, ya apenas estaba cursando la Secundaria y yo sabía de antemano que no daba el ancho para estar en una institución de enorme envergadura y que desde muchos años mi convicción no era ser militar sino alguien común y corriente.

Recuerdo que en las últimas días en que mi abuela estaba cuerda, repetía el nombre de Carlos Arzamendi, era tantas veces como el rezar el sagrado rosario en una defunción, y dejó de hacerlo cuando comenzó a fallarle la memoria y que generó una cadena de comportamientos extraños que nos orillaron como familia a internarla en el Sanatorio San Francisco y posteriormente en el Hospital General.

Esa semana, su última de existencia, solamente los únicos que estaban afuera del área de terapia Intensiva era mi mamá mi Tía María Salome, Mi Tía Florinda y yo; podría asegurar que tomamos el rol de familiares directos, porque su verdadera familia jamás se presentaron hasta el sábado en la mañana, tiempo en que mi abuelita dejó de existir.

En ese momento, fue cuando todos los PIÑAS RODRÍGUEZ se aparecieron como hormigas y lo más triste que todo mundo comenzó a murmurar sobre el quién sería el sobrino con mayor fortuna de heredar los bienes de mi abuela. Es difícil de creerlo, pero mi mamá y yo fuimos testigos de cada una frase emanada de los labios de estas arpías.

Mi abuelo Emilio en ese entonces fuerte como el roble y duro como el hierro, se aparecía en ratos al nosocomio, y recuerdo que una vez le reclamé el porqué abandonó a mi abuela, porqué la dejó morir, porqué la sacó de un hospital privado y la llevó a un público, la respuesta fue clara y concisa, él no quería que lo viera triste o decaído sino más bien firme y recto en sus decisiones.

Pero recuerdo bien ese sábado triste que lo abracé y llorando le dije “Dios es un mentiroso no ayudo a mi abuela” y el solo me dijo “¡calla! ella ya dejó de sufrir”. Fue lo más sabio de un hombre de 70 años que me había dicho, y no lo entendí hasta tiempo después cuando él se fue y me dejó solo en esta tierra.

Esa noche, al acudir a la recamara de mi abuela –espacio que utiliza hoy mi mamá-, revisé cada una de sus cosas, observé cada objeto en su ropero que yo le diseñé, para que ella pudiera identificarlo con sus manos -ya que ella no veía por la ceguera inexplicable de sus ojos-; todo toqué hasta llegar al famoso cuadro de Carlitos Arzamendi, ese, cuya personalidad no se acordó de su madrina y que por más de 30 años ésta lo esperó en su cuarto para darle quizás, la bendición.


Agarre el cuadro, lo abrí y rompí la foto en decenas de cachitos. Nadie lo supo ni mi abuelo ni mi mamá. Pero fui rompiendo cada parte de esa fotografía desde el gorro con la aguilita dorada, hasta cada uno de los componentes del rostro y todas las insignias navales.

Sin temor a decirlo fue satisfactorio para mí; destruí el mal que consumió a mi abuela, la tristeza de no saber qué le paso a su adorado ahijado, en pocas palabras la ingratitud y olvido de un marinerito que seguramente hoy goza de los beneficios del Gobierno, un gobierno que premia a inútiles y que nunca pelearon para la patria, pues México es un país sereno no bélico; vemos hoy como la Sedena, la FAM, Semar, AFI, PGR, son derrotados cada día por el narcotráfico.

Digo y seguiré diciendo, el peor mal es el que un mismo ser le hace al otro a través de la ingratitud o el aprovecharse del prójimo para saciar sus propios intereses.

Hasta el próximo blog comentario.

Rodcaf-X dijo...

En mi familia desgraciadamente hay mucha gente asi, cuando alguien se enferma se alejan de esa persona, yo no soy asi. Mi abuela y una tia les ah dado cnacer de ceno, lo han sufrido mucho y ahi estube con ellas, a mi abuelo le han dado infartos cerebalres, pero ahi estube, ya que sea como sea les tengo cariño y amor, y no importa en que estados esten, eso no hace que dejen de ser ellos.

Un abrazo, cuidate mucho.

Saludos.