Mi primer carro.

18 de septiembre de 2008

Estoy a escasos 40 días de comprar lo que será mi primer automóvil, y aunque sea irónico, no se manejar, no tengo idea de donde se prenden las luces, como se pone la alarma, que tipo de combustible debo pedir en la gasolinera, vaya ni se quiera se para que sirven los cuartos y las altas.

Lo mas sarcástico es que mi padre es mecánico, mi hermano da los cursos de manejo en Schumberger, y mi hermano el mayor aprendió a manejar a los 11 años, la verdad es que el temor es mas grande que la emoción, si se me apaga el carro en un crucero en pleno centro me entraría un ataque de pánico, y quizá hasta lloraría, llamaría a alguien para que me ayudara.

Hace ya un par de meses nos paso, iba yo solo con una amiga, también novata en estos andares, y el carro hizo un berrinche y no quiso andar, abrió el cofre (creo que asi se llama la tapa del frente) y era como abrir la caja de Pandora, veíamos tantos cables, y fieros calientes, y no sabíamos que hacer, desesperados tratábamos de localizar a un mecánico sin éxito, y de repente se le prende el foco a mi amiga:
(Mi amiga) – Goyo, ¿no le hará falta agua, o anticongelante?
(Yo) – Y si así fuera, ¿en donde se lo echamos?

Lo acepto soy un caos, no tengo ni idea de cómo le voy a hacer y me da pánico la idea de andar solo por la carretera, mis experiencias en el aprendizaje de la manejada no han sido del todo buenos, entre golpes, regaños y burlas tome mis primeras clases hace ya como 15 años y el miedo no ha cesado, cuando veo el carro que me gusta no dejo de pensarme en el con el aire, buena música, sonriendo, pero cuando recuerdo lo malo que soy para los carros, esa fantasía se derrumba y no pienso mas que en lo difícil que será, me voy a meter a un curso de manejo de esos que dicen que si no aprendo me regresan mi dinero (risas), contratare el seguro de perdida total, y no es que exagere, pero a mi la verdad se me hace de lo mas difícil, puedo controlar a varios subordinados, mantener el orden en la empresa para la que laboro, dirigir personal mucho mayo que yo, resolver conflictos, los problemas fiscales me los paso por el arco del triunfo, pero estar detrás de un volante me puede derretir del miedo.

En fin espero sus consejos ya en víspera de la compra y obvio también sus risas de mi situación.

PD. ACEPTO LINKS E INFORMACION QUE ME PUEDA AYUDAR

11 Miembros de la Tropa Pensaron:

alvaro Locx dijo...

Hola

Te entiendo muy bien, a mí me pasa lo mismo con la manejada, yo solo te daría un consejo, practica, y no te tenses respira, siente al auto como si fueran unas piernas más largas. como si fuera parte de tí.

Kawamitas dijo...

Desde que vi Toy Story, le tengo pavor a los autos, ¿Cada cuándo ves a unos juguetes saltar de un carro a otro ?

Además, yo también me tenso/estreso/enojo con mucha, pero mucha facilidad, y soy un tronco, no coordino NADA, eso de apretar un pedal para cambiar la velocidady otro para acelerar y andar volteando a todos lados para ver si puedes pasar ... ahhh, es demasiado para mí.

Saludos y gracias por comentar en mi bló

Daniusx dijo...

jajaja hay amigo, pues la practica hace al maestro, y con la practica se pierde el mello! jaja, yo no se manejar pero ya me urge ya sabes no falta el trabajo donde te soliciten que manejes, asi que es indispensable ya la manejada.

por cierto ya te puse en los favoritos de mi blog!!!

melitus_men dijo...

Cada ves mas MEJORA tu pagina eres UNA REATA!! FELICIDADES y los reportajes cada vez mejores

Anónimo dijo...

Pues aunque no se manejar, y solo he tenido una experiencia manejando la camioneta de empresa para la cual trabajo en una ocasión, fue divertidisiiimo y la emoción de una carro nuevo no se compara con nada,, lo sueñas y lo sueñas cuando sabes que practicamente es una realidad, segun un compañero es recomendable para las personas que tiene pavor a manejar utilizar un vehiculo automatico o bien contratar un chofer... en fin felicidades por tu carro nuevo te lo mereces..!!

Israel

Alfonso Sandoval dijo...

Yo aprendi a manejar con mi papá, me empezo a enseñar desde que tenia 16 años... al principio, te he de confesar, me costo muchas regañadas.... incluso una vez por poco choco el auto..... me dejo un miedo por unos meses, pero mi padre mi obligo a seguir con la manejada....

Lo importante es no perder la calma, revisar periodicamente el coche si no le falta gasolina, anticongelante, liquido paar frenso, el aire en las llantas.... y algo muy importante... dejar el miedo atras.... Si se puede..... es algo facil cuando ya le agarres la confianza suficiente....

Ahhh y no corras con tu coche, eso es demasiado peligroso...

Lo siento creo que me veo como una mama cuidandoa a su hijo.... ups...

Gracias por comentar en mi blog....Acabo de agregar un post nuevo... por favor leelo.... Gracias

mayita dijo...

ja.. !..
pus.. dbo decir kee... stás
dscribiéndome al tocar sikiera un carro..

sí si.. yo también he pensado n los
pros.. pero .. los contras.. me
ganan!!!

como por ejemplo.. si un trailer pasara a lado mío.. n ese momtno m detendría.. así d: "pásele usté primero..no se preocupe.. yo m espero .. ".. ajajaja..


si.. soy remarica.. y por eso ..
todavía no tngo mi jeep..
(kiero un jeep)..

también he pensado n conseguir
chofer...
ajajajaja..

mm.. mm
bueno.. la mariconés m ha ganado
una vez más..

saludos!!!


:D

Anónimo dijo...

Un Carro lo más fantástico después del juguete favorito
Por Carlos Martínez

Cómo la idiosincrasia del mexicano ha permitido en los últimos años luchar por tener el “auto de lo sueños”, sí, ese vehículo que uno imaginó de niño poseer al momento de jugar los carritos Hot Wells en las aceras de tu casa o en el patio de la escuela durante el recreo en compañía de tus compañeritos de salón de clases o los vecinos de la cuadra.

Y qué decir en la etapa de la secundaría cuando veías a los del último grado llegar a la entrada de la escuela en el típico Vocho, Caribe, Brasilia, el Shadow, la vieja versión del Jetta y los más fino en esa época tales como el Cuttlas o Thunderbird o Lebaron.

Seguramente a cada uno de nuestras familias le tocó diferentes circunstancias en adquirir el vehículo de la familia, quién no recuerda de niño aquel carro que posiblemente llegó al garaje poco tiempo después de que naciste o tal vez ya existía por razones de trabajo de nuestros papas.

Sin duda alguna, como lo dije hace un momento, la peculiaridad del mexicano es obtener y verse en un auto ya sea nuevo o usado; lo vemos desde –los que tienen mayor posibilidades- niños, desde temprana edad somos como una esponjita, vamos aprendiendo la forma de encender el carro, la manera de cambiar la palanca de posiciones ya sea estándar o automático, la aceleración el frenado y más que nada la forma de conducción de los mayores.

Quizá el mexicano sea la única raza en el mundo que llegamos a tener una significante empatía y cariño con nuestros respectivos carros, prueba de ello es quién no ha platicado con el carro en momentos de soledad; quién no le canta cuando bañan al vehículo; quién no le ha pegado al carro porque éste se descompuso y lo dejó botado., qué chavo no le dieron su primer sexo oral o su primera experiencia.

Quién no lloró o le dio nostalgia cuando el carro en la cual creciste y supiste manejar tuvo que irse de la casa para irse con su nuevo dueño; quién no se tomó fotos con el carro como si se tratase de un familiar o amigo cercano, el mexicano es muy cariñoso con los vehículo porque sabemos darle un valor moral más que comercial.

El carro es como un miembro de la familia, está en las buenas y en las malas, siempre está presente en la familia, desde el tradicional uso para el trabajo hasta los paseos durante los fines de semana; en las urgencias médicas, accidentes y el más triste de los casos…su participación en el cortejo fúnebre.

En lo particular, a mi temprana edad siempre me fascinaron los carros, siempre me visualice con tener de grande (en esta época) carros deportivos, que fueran algo diferentes a los comunes y no es por menospreciar a los demás automotores, pero siempre ya cada uno tiene sus propias metas.

Recuerdo que una vez al ir caminando con mi abuelo desde mi casa hasta el acuario (era una costumbre bonita y sana de ejercitarnos) y en compañía de un sobrino que vivía en ese tiempo en la casa, me dice mi Tata, “tráete el carro, ya no quiero regresar caminando, me duele mis pies”.

¡Atiza! Fue la expresión que emanó de mi rostro y le dije a Leonel, “vamos acompáñame” y ¡zas!, salimos corriendo desde el acuario hasta la casa; en ese entonces yo tenía como 13 años y mi sobrino cuatro menos que yo, pero éramos como perros y gatos había mucho celos y peleas entre nosotros en esa época y pocas las veces que nos juntábamos para tales cosas como esta misión.

Pues llegamos a la casa, nos hicimos como 10 minutos de trayecto -debo reconocer que hasta me sorprendí porque dese siempre y hasta la fecha soy muy perezoso para correr u efectuar caminatas rápidas-; ahí estaba mi mamá con mi abuela como siempre pegados a la tele para ver si no mal recuerdo “Cadenas de Amargura” una máxime de Televisa con Diana Bracho y Daniela Castro.

“¡Abuela, Abuela! Vinimos por la llave del carro, mi abuelo ya no pudo caminar y nos pidió que lleváramos el carro a buscarlo”, fue lo dijimos los dos al mismo tiempo. Recuerdo la cara de asombro de las mujeres de mi casa, y me dice mi abuela “Están ustedes locos cómo que se van a llevar el carro al bulevar sí no sabes manejar”, me replicó.

A lo cual le dije “Yo sé manejar porque lo he estudiado y he observado cómo lo conduce mi abuelo y fue una instrucción de mi abuelo, ¡hey Leonel! abre el garaje voy por las llaves”. Y en ese acto voy al Despacho de mi abuelo para buscar las llaves del Cuttlas.

Sin embargo, mi abuela se me adelantó y me quitó las llaves a lo cual mi mamá ya comenzaba a sulfurarse y me decía que dejará de hacer tonteras, vamos pues, ya se estaba sacando la chancla del pie derecho, pero a mi valía, ya estaba acostumbrado a que siempre me diera una tunda injustificadamente.

Entre lo que si son peras o manzanas, el tiempo corría y ese tiempo no existía aún los celulares para haber efectuado una llamada y comprobar lo dicho por mi abuelo, pues en ese momento pensaban que eran unas chaquetas mentales nuestras y que lo de coche era una fantasía de nuestra pubertad.

Total, que el abuelo llegó a la casa por sus mismos medios y entró con una carcajada de oreja a oreja, sí, una enorme risa que no podía con ella; recuerdo que mi abuela fue y le dio un pescozón en la espalda y le reclamó el por qué nos andaba cuenteando con el asunto del carro, hecho que volvió loco a la familia en esa tarde.

El abuelo, ya pasado el momento chusco, nos preguntó a los dos si en verdad hubiésemos podido llevar el carro hasta el acuario, ambos dijimos que sí, que yo iba manejando y mi sobrino me estaría supervisando la parte trasera y los costados del vehículo, para que no hubiera problemas en el trayecto. Sin duda alguna esta respuesta le ocasionó otra enorme carcajada al jefe por tal disparate; hecho que me dolió y rompió mis sentimientos.

Cabe recordar que el Cuttlas fue sin duda alguna fue el carro que más se quiso en la familia, ya que hubo muchas anécdotas con este automóvil desde que aprendí a manejarlo -15 o 16 años- hasta el tiempo que se lo vendí al hermano de mi mejor amigo y sé que ahorita anda por Isla Mujeres, en el mágico sureste mexicano.

Lo que más recuerdo de ésta época sin duda alguna fue la tarde que mi abuelo me prestó el carro para salir a la junta de la escuela y solicitaban la presencia de mi mamá para la firma de la boleta; esa vez fue mi debut con mis compañeros del colegio que se maravillaron al verme llegar en el flamante Cuttlas, un carro normal sin tantas cosas, pero nuestros ojitos de adolescentes no los transformaba como si fuera un Lamborghini.

De ahí mi primeras salidas en carro con la flota, con mis amigos con los que siempre jalé y otros que se adherían a mi circulo porque según ellos “yo era parte del grupo selecto”.

Una anécdota que más recuerdo y una de las más locas en el Cuttlas durante mi adolescencia fue esa ocasión que tuve la necesidad de requerirle a mi abuelo el carro con la finalidad de ir a realizar un examen de matemáticas en la escuela, sin embargo debo confesar que no era para tal finalidad, sino de llevarle N$ 350.00 Nuevos Pesos, para que me pusiera 8 en el examen final y así salvar el primer semestre de preparatoria.

La jugada consistió: el abuelo me soltaba el carro siempre y cuando los dejara a ambos en la Iglesia de San Miguel Arcángel “La cabaña” y que posteriormente los pasara a buscar al finalizar la misa. Hecho, fue la palabra que le dije a mi jefe de familia, y muy feliz salí de mi casa con mi tarjeta Permiso de Circulación –un insignificante cartoncillo en color blanco con mi foto y el sello de Tránsito del Estado-.

Pues llegué a la hora y cita señalada, como siempre estaba mi flota esperándome, nos efectuamos el tradicional saludo de deslizar nuestras respectivas palmas de las manos y cerrar los dedos en forma de puño y chocarlas, signo de lealtad y más que amistas en esa época….

Esperamos más de cinco minutos y llegó el Profesor, de mote le decíamos el caballo por sus rasgos faciales y su cabellera larga y quemada por los rayos del sol; según la tirada era dejar el dinero y ver la calificación de 8 en el supuesto examen de recuperación, sin embargo, al profe se le olvidó traer consigo la maldita prueba de matemáticas.

Esto generó el partir hacia su domicilio y constatar los hechos, no era desconfianza, solo era seguridad de nuestras nalgas y orejas y prevenir castigos severos (risas); total que el nerviosismo empezó a perturbarme pues los minutos se estaban agotando y tenía que pasar por mis abuelos en la iglesia y la verdad desconocía el domicilio del profesor caballo.

Nacho y Salvador y su hermano mis mejores cuates de la secundaria y del primer semestre, nos lanzamos con el profe a su casa, éste último ocupó el lugar del copiloto, de ahí salimos en chinga para efectuar el trámite y concluir el martirio de las matemáticas, si la maldita asignatura que me hostigó en tiempos de escolapio.

Recuerdo que iba por la avenida Allende de Norte a Sur con dirección hacia el aeropuerto, aún no estaba el puente Xalapa –nadie de esa época si imaginaba ver un paso a desnivel en el crucero de Xalapa y Allende- iba como a 90 KM/H de pronto a media cuadra veo que el semáforo comienza a parpadear de verde a rojo, lo que me orilló a acelerar más el vehículo y tomar el primer carril de derecha a izquierda para rebasar a los demás automotores y pasar el respectivo crucero.

Sin embargo en la mera esquina, estaba un tradicional traga-fuegos que casi lo embisto porque este cristiano se estaba trasladando a la mitad de la calle para efectuar su show artístico y yo iba a más 100 KM/H para evitar el alto en el mencionado crucero; recuerdo que sentí algo caliente en mi lado derecho tanto de mi rostro como el hombro, solo observé por el retrovisor al chavo que me mentó la madre y me grito “chingas a tu madre”…..

Yo solo me encogí de hombros y dije “lo siento pero ahora mi pellejo esta riesgo”, al decir esto sentí un olor a piel de pollo cruda cuando lo asan en la parrilla, olfateé y miré como el maestro comenzó apagarse las pequeñas llamas de fuego en su cabellera y cómo mis cuates decían “¡se quema el maestro Carlos!” y éste con sus manos eliminó cada fogata en su cuero cabelludo (risas).

Y me dice el profesor “oye me quieres matar, aquí me bajo”, -no profesor- le dije, pero “es que hay que irnos ya”. Y salí disparado hacia el aeropuerto, debo confesar que me pasé todos los altos de la Avenida Miguel Alemán, como el de Simon Bolívar, Paseo de la Armada, la entrada al floresta y la entrada a la colonia Cerdán, por Casas GEO.

Estábamos en camino y yo veía la cercanía del Aeropuerto, lo cual pregunté en dónde estaba la casa del profesor Caballo y el propio maestro me respondió “esta antes de llegar a Xalapa”. Al oír esto frené el vehiculo a media carretera, lo que generó que el profesor por no usar el cinturón de seguridad se golpeara la cabeza en el parabrisas y los demás se cayeran al piso……

¿Qué pasó? ¿Qué haces? Fueron las preguntas que escuche, y mi respuesta fue obvia y concreta, “ni loco voy a Xalapa, bájense que me no tengo tiempo, tomen el AU y me pone usted el 8 en mi examen, tenga mis 350 pesos”. Tiempo seguido uno de mis cuates me dice “¡acelera! ¡acelera wey! Atrás viene un ADO y el catedrático me dijo “esta en Tejería mi casa no es cierto no esta en donde te dije, pero acelera que viene el carro y nos va partir la madre”.

Efectivamente el ADO venía muy rápido y comencé a circular solo para orillarme a la cuneta y dejar pasar al camión, acto seguido sentimos la estela del viento del autobús que sacudió a mi Cuttlas y a mis invitados. Nos quedamos mudos por medio minuto y comenzamos a reírnos….¡Estas loco Martínez! Y les respondí no de en vano estuve en una escuela para locos cuando era chico. Ciertamente estuve por error y negligencia medica en una escuela infantil psiquiatrita por una mala deducción no estaba desequilibrado mental, solo que fui un niño hiperactivo.

Pues de ahí, recuerdo que dejé a mi profesor cerca de Tejería a la altura donde vende las carnitas y me disculpé con mis amigos el no poder regresarlos al centro, pero tenía exactamente menos de 20 minutos para recoger a mis abuelitos en la Iglesia de San Miguel Arcángel “la cabaña”.

Salí de forma fulminante con destino al templo católico y fue ahí donde registré mi primera marca en tiempo y velocidad…..solo me hice 16 minutos desde Tejería hasta Framboyanes (hoy Juan Pablo II y Porto Carrero), lapso record en un automóvil medio de lujo automático, buen carro pues, buena máquina, pues sí se trata de un General Motors.

Recuerdo que llegué a la casa con mis abuelos y durante el trayecto ella me preguntó por mi examen (sabía de antemano que pague por el 8, solamente mi abuelita sabía mis secretos), a lo cual respondí “excelente saque 8”.

Y mi abuelo Emilio dijo “vaya dejaste de ser soquete en las matemáticas” Era la primera de dos veces en mi vida que me decían esta palabra. Curiosamente las dos veces me la dijeron dentro de un auto, ¡Aunque usted no lo crea!. (risas)

La segunda ves que me dijeron esa palabra (risas) fue cerca de Tejería, exactamente en donde estaba el Autódromo el Súper Jarocho; ahí otro sobrino de nombre César Martínez y su mejor amigo Carlos Freyre fuimos al evento de RVAG, un club de entusiastas de carros VAG’S.

Y por cuestiones de castre y cotorreo mi pariente me llamo “soquete”. Tal vez como respuesta a que nos reímos de él porque en una salida a mi sobrino se le paro el carro frente a un Mustang setentero en una competencia de los 300 Mts, asunto que me puso como León rabioso y que decidí abandonar el evento.

Tal de mi abuelo podría recibir ese término, pues él era el proveedor de todo. Y lo que más me disgustó en ese momento que yo puse todo, gasolina, dinero, tiempo y sobre todo mi día descanso. Pero bueno ya eso quedó como una anécdota más.

Y bueno, para finalizar creo yo -ya parece esto un evangelio de San Carlos (risas)- deseo comentar una experiencia en el Cuttlas, con la que fue quizá mi primera novia en la preparatoria. Se llama Araceli, en ese entonces de 15 años. Siempre se caracterizó por tener un buen cu….erpo y era como que la envidia de las demás chamacas del colegio.

Tuve el privilegio de ser su pareja, su amigo tanto en las buenas como en las malas, y yo tenía el poder gracias al Cuttlas y sobre todo por la intervención de mi abuela que era la abogaba con mi abuelo para que me soltaran el carro.

Un día, como diría Polo Polo al inicio de sus chistes….Araceli me dijo sí le enseñaba a manejar, gustosamente le dije que sí.

Todas las tardes como pretexto, decía en casa que tenia que ir a la casa de un amigo hacer trabajos (ahora dicen que tienen que ir en las tardes a la biblioteca para estudiar mejor), mi abuela sabía que era para salir con una chava, vamos pues ni mi mamá sabía de esto ya que a mi progenitora no le gusta que yo ande con muchachas de tendencias gorditas o de aspecto dudoso en reputación (risas).

El caso es que esta vieja era muy tonta, vamos pues, no de en vano le decían “la Teflón”, todo se le escurría del cerebro. En fin, que llegué a su casa, y salió muy coqueta que te levantaba todos los ánimos, -en esa ocasión fue la primera vez que use boxer como ropa interior y nada que ver con la trusa…se te notaba el asunto despierto-

JA! Ella se dio cuenta y me aventó a su gato que, para colmó también participó como discípulo en las clases de manejo, total que le enseñe en una semana todas las instrucciones le cómo me enseñó mi abuelo a conducir, los consejos de mi instructor privado, de las recomendaciones de otras personas etc, etc,

A la semana siguiente le solté el carro y todo iba bien hasta que en el crucero de Paseo las Flores y Pedro de Alvarado sucedió lo que tenía que pasar….un pequeño percance o siniestro sin consecuencias que lamentar salvo al susto que nos llevamos y un gato que casi me aruña a mi sin tener la culpa de los hechos.

Resulta que esta vieja no supo codificar ordenes, (recordemos que le decían la Teflón) y le dije “antes de salir a la principal, frenas ves si puedes pasar o no, aceleras y das vuelta a tu izquierda” Pues así lo estaba haciendo, pero al llegar a la esquina se puso nerviosa ¡Mujer tenía que ser! y ves de frenar acelero y le dije ¡!Cuidado viene coche, párate! y ¡zas! que da el volantazo y nos subimos a la banqueta y gracias a Dios nos introdujimos a un terreno baldío.

En medio del lote quedó mi Cuttlas, el gato encima de mi y Araceli desparramada en el volante. Acto seguido exploté y le dije ¡Que vergas haces! Te dije así y así y no así como lo hiciste….y me responde ella “¿no le pasó nada mi gato?” “¡Qué madres me importa tu gato!, voy a ver que le pasó al carro si algo le sucedió soy chavo muerto….

Efectivamente solo tuvo problemas en la parte inferior de la defensa de carro, se despintó y como que quedó medio chueco. Gracias a Dios mi abuelo no se dio cuenta y cuando comencé a trabajar años después, corregí el asunto, pasaron como cuatro años que el carro tenia esa detallito y que mi Abuelito no se percató, en caso contrario no estuviera aquí redactando este blog o evangelio (risas)

Qué tiempos aquellos, no cabe duda que todos nosotros tenemos historias de carros que contar, y este caso fue como un homenaje a mi Cuttlas 1991, un excelente carro, a veces me arrepiento de haberlo vendido. Tenia muchas historias, tristes bonitas, acción aventura, decesos, etc.

En este Cuttlas modelo 1991, aprendí a manejar de manera oficial, tuve mi primer pre encuentro sexual, mi primer choque; aprendió a manejar mi sobrino Julio César,; estuvieron mis mejores cuates de la secundaria y preparatoria. Un choche que lo sabía todo de mi, Gracias Cuttlas donde quieras que estés.


Gracias por su tiempo y hasta el próximo blogcomentario.

Rodcaf-X dijo...

Yo te enseño....., rayos, estas lejos, ni pex, ya chocaras, jejeje, trata de no meter tu cabeza en el parabrisas.

Que todo salga bien. Saludos.

Calo dijo...

Otro auto para las autosaturadas calles mexicanas exitos con eso, recuerda la propiedades del biodisel, autos hibridos y hasta autos electricos, conciencia planeratia contra los devastadorees efectos de Co2

xq28 dijo...

jajaj
q onda aqui vagando n la red m enontre tu flog
y en especial esta entrada se me hizo muy chistosa jeje
io tambien tengo fobia a manejar
pero pos suerte y echale ganas
q stes bn